La sal, ese condimento que parece inofensivo, ha sido el causante de muchas desgracias por su abuso y sobretodo por desconocimiento de cuanto daño nos causa.
Existen dos tipos de sal: La sal de mesa y sal de cocina. La diferencia básica esta en el granulado de la presentación.
La sal contiene como molécula química el Cloruro de sodio (NaCl), el cual al ingresar al organismo, se desdobla y da como resultado la interacción del sodio con otras diversas moléculas y termina contribuyendo con la absorción de agua por el riñon, alterando el normal funcionamiento de células musculares.
Que duda cabe que el sodio es un elemento útil en nuestro organismo, pero la ingesta excesiva de sal causa hipertensión arterial (más predecible si durante la niñez no se controló su ingesta), edema (aumento de líquido en piernas y brazos), sindrome de fatiga crónica, etc.
Algunos reportes lo han asociado con los procesos de descalcificación por interferencia con su absorción.
Terminamos los enemigos de la salud y estamos prontos a recomendar el cambio de estilo de vida.
La cita del día:
Si no piensas en tu porvenir, no lo tendrás.
John Kenneth Galbraith (1908-2006)
Econonista estadounidense.
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